Me gustaría decirles que tengo un lugar lindo y especial para escribir, un sitio tranquilo, en el que uno se puede pasar horas sin ser molestado, que tiene un escritorio antiguo de madera vieja y con varias décadas de historia y que sobre este hay una máquina de escribir digna de algún museo. Que por la ventana entra una luz que invita a la reflexión y al desahogo, rodeado de colecciones de discos o de los libros más preciados. Pero no, desafortunadamente esto no es así. Hoy, por ejemplo escribo estas líneas desde mi celular sentado a la orilla de la cama con la espalda dolorosamente encorvada. Peor aún, en las actividades pasadas utilice la computadora de la oficina a horas bastante inapropiadas, rodeado de gente ruidosa y escandalosa, tan sólo protegido por mis pequeños audífonos blancos que crearon en esos momentos una barrera protectora que me permitió concentrarme en la actividad en turno. Sin embargo, a pesar de lo i...
Aguascalientes es mi ciudad, es la ciudad donde nací y donde he vivido todos mis 40 años de vida, es la ciudad donde nacieron mis hijos, la ciudad donde nació y murió mi padre. Sinceramente no es que me sienta particularmente orgulloso de ser aquicalidense, pero tampoco reniego de serlo. Hasta cierto punto puedo decir que me gusta serlo, mi vida y mi historia se ha escrito aquí, y eso es algo de lo que si estoy orgulloso. Aquí fue donde viví mis primeras borracheras (seria hipócrita negar que no han sido parte importante de mi vida). Fue aquí donde mi padre me llevo a pasear por las calles de su infancia, contándome como mi abuelo no tenía dinero ni para zapatos, tratando de darme una lección cuando fui expulsado del bachillerato, historias que volvieron a surgir el día que nos despedimos de él, en su casa, en Aguascalientes. Fue aquí donde he aprendido tanto de música, donde la he vivido, donde forme mi primer banda con Gabriel Morones, compañero de la Escuela Secundaria...